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El Mundial de Sudáfrica descubre cambios en la estética del fútbol
viernes, junio 11, 2010, 03:38 AM

La clave está en el movimiento. Ese instante de ver y no ver dibuja las directrices en la relación diseño y fútbol. Por eso, en un deporte conservador pero interclasista, de tan escasos medios como un balón y un terreno, cabía poco diseño. Y, además, fugaz. Hasta que algo cambió. El fútbol se convirtió en espectáculo y los pocos medios comenzaron a multiplicarse de la mano del marketing.


Primero fueron las calzonas, que subían y bajaban despacito, al ritmo de un cambio por lustro, como mucho. Luego el cambio llegó a las camisetas. Los colores dejaron de ser intocables. El equipamiento de toda la vida se reinventaba, y hasta las rayas podían dejar de ser rayas. Con esa táctica, heredada del mundo de la moda, se inyectaba periodicidad o caducidad, llámenlo como quieran, a la camiseta de un equipo de fútbol. Y el traje de reserva dejaba de tener color fijo. El movimiento movía lo inamovible. Todo lo demás llegó detrás.

Lo hemos visto estos días. Iker Casillas opina que el balón oficial del inminente Mundial de Sudáfrica es poco más que una pelota de playa. De tan ligero y tan poco zurcido, el esférico se vuelve incontrolable. Ha cambiado el clásico parcheado hexagonal por piezas de fibra de mayor tamaño. Pero no llega con instrucciones de uso. Hace poco, Oki Sato, el alma del estudio nipón Nendo, ideó un balón para la empresa Puma. Su idea era, precisamente, la contraria a la que ha dibujado el esférico de este Mundial. Sato apostaba por potenciar el parcheado, por darle, incluso, un significado metafórico al zurcido. Él hablaba de unir al mundo en un juego relacionando esférico con planeta y parche con solución.

Puede que algunos futbolistas sean hoy más veloces que nunca. Pero puede también que, por primera vez, esa velocidad sea visible. De nuevo es cuestión de diseño. Nike fue de los primeros en percibir que el potencial de los pies no residía ya en los tacos. Su serie Elite lo ha confirmado. Lo primero que hicieron fue reforzar la zona por la que se chuta (de ahí los cordones laterales). El siguiente paso consistió en aligerar la bota para conseguir que el futbolista corra más y se canse menos. El diseñador de la serie Andy Caine lo atribuye a que los últimos 15 minutos del partido son fundamentales, "un tiempo decisivo en el que cualquier gramo extra es mucho peso de más". ¿Cómo aligerar y reforzar a la vez? Empleando fibra de carbono, un material flexible y... fuerte a un tiempo.

Solucionado el nuevo material, Caine decidió que, puestos a jugar con el movimiento, los tonos fucsias y naranjas son los que más miradas concentran, los que primero se ven. ¿Por qué triunfa el morado de las zapatillas de Cristiano Ronaldo y el amarillo de las de Dani Alves? Caine se remite, de nuevo, a la dificultad de ver en movimiento. Y sostiene que el color llamativo permite que los compañeros de equipo ajusten más los pases.

Pero para los futboleros con pocas ganas de correr también hay diseño. Uno de los mejores futbolines del mundo se fabrica en España. Ideado a finales del siglo XIX, el invento tuvo en España una evolución gracias a Alexandre de Fisterra, que en 1937 dotó a los jugadores de dos piernas. Así son los muñecos del RS2, el futbolín con el que Rafael Rodríguez lanzó su productora, RS. De acero inoxidable, con versiones pintadas en rojo, negro o gris, resistente a la intemperie y con los trajes personalizables, tiene niveladores con base de caucho y, por si alguno se acalora, un posavasos en cada esquina.

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